Del estruendo de las violencias, a las voces de las emisoras de Paz.

En el año 2016 cuando el país se preparaba para el Plebiscito, Colombia enfrento uno de los momentos más polarizados que ha vivido el territorio.  Eran múltiples las voces que de un lado y de otro se enfrentaban entre el sí, y el no, era casi una batalla entre quienes se negaban a caminar hacia la paz, y quienes de tanta violencia vivida preferían apostarle a la paz como camino, como posibilidad esperanzadora de transformar todo el territorio nacional. 

Los medios tradicionales, también fueron protagonistas, porque tenían una narrativa clara de acuerdo a sus propios intereses, es decir, de acuerdo a los intereses de sus dueños, muchos de ellos querían la continuidad de una guerra entre las Farc y el ejército colombiano. Es fácil pedir la continuidad de una violencia en la que el único rol que se juega, es el rol de observador, pues por sus ocupaciones o intereses, poco o nada les importan las vidas que se pierden en medio de la violencia. 

Los territorios tenían mucho por decir, pero tenían pocos espacios para hacerlo, al menos pocos desde los que pudieran decir las cosas con claridad, desde la realidad vivida y no desde la interpretación lejana de un medio de comunicación con centro de operaciones en Bogotá. La firma del acuerdo de paz traía consigo muchos desafíos, pero algo que era importante en medio de tantas cosas, poder devolverles la voz a los territorios, los mismos que por décadas solo vieron y vivieron violencias. 

La Colombia profunda había sido silenciada de alguna manera y en muchos lugares, se había impuesto el estruendo de la violencia, un estruendo tan violento que fue capaz de silenciar muchas voces, al menos muchas de ellas, aunque nunca lograron callar a muchos lideres y lideresas, la amplificación de sus voces no lograban siempre llegar a los lugares más distantes, y cuando eran amplificadas en medios tradicionales, casi siempre la narrativa era estigmatizar o poner en riesgo esos liderazgos. 

Con la firma del acuerdo de paz se abrió una puerta importante, que permitiría que entraran por ella, no para pasar, si no para quedarse. Aquellas voces que desde el territorio resisten y defienden la vida, para quedarse y decirnos a todos, lo que son, lo que viven y dejar claro que, aunque se vive violencia, los territorios y sus liderazgos trabajan todos los días por y para la paz. El punto 6.5 del acuerdo de paz - Herramientas de difusión y comunicación, era en ese momento una gran oportunidad para conectarnos, al centro del país, con la realidad, oportunidad para que desde sus propias voces los territorios pudieran poner en manifiesto sus realidades, sus potencialidades y dejar claro que son mucho más que violencia. 

No bastaba con que se incluyera el punto 6.5 en el acuerdo, esto necesitaba hacerse real, y hacerlo real significaba asumir con voluntad la implementación de este punto del acuerdo, para el Presidente Gustavo Petro, hacerlo era clave, hacerlo significaba por primera vez en la historia de Colombia, dar voz a los más vulnerados y olvidados, es así como Hollman Morris, Gerente del sistema de medios entiende la importancia de este punto y avanza con la entrega a los territorios de 20 emisoras de Paz, 20 emisoras que deberán permitir que los territorios de esa Colombia diversa y extensa se conecten. 

20 emisoras que funcionan en distintos lugares del país, en zonas como el Tambo - Cauca, Rio Sucio - Choco y Buenaventura, por nombrar algunas, ciudades o territorios que han sido noticia muchas veces por la violencia y que hoy tienen la oportunidad bajo la Coordinación de Dayana Rodríguez Yesenia Polania de amplificar las voces del territorio, estas emisoras empiezan a convertirse en el epicentro donde convergen las palabras, donde se encuentran quienes piensan diferente para a partir del dialogo desde la Radio construir desde lo que se tienen en común, el territorio. 

Hoy, no solo los territorios pueden conectarse desde el sistema de Radio Nacional de Colombia, sino que a través de la televisión pueden visibilizar en sus propias voces, con sus propias palabras, lo que son, esta oportunidad logra quitar del medio la intermediación comunicativa, pues son los mismos habitantes de las diferentes zonas del país, quienes cuentan lo que ocurre, no desde la estigmatización, sino desde una comunicación capaz de respetar al otro, de entenderle como humano, de dejar de lado la diferencia o al menos no permitir que la diferencia lleve a la violencia. 

Creer en el territorio no significa solo hablar de ellos y por ellos, creer en el potencial de los territorios significa permitirles hacer uso de su propia voz, permitir que con sus propias palabras narren lo que son, alejando la narración de intereses empresariales o políticos, para concentrarlo en la gente, en esa gente que le aposto a la paz, porque la mayoría de territorios afectados fuertemente por la violencia, fueron los que más le creyeron a la paz y votaron por el Si, al plebiscito. 

Hollman Morris y su equipo del Sistema de Medios, han logrado lo que jamás se había logrado en Colombia y es abrir las puertas para que la diversidad étnica además de ser dignificada en los medios, pudieran en rostro y voz propia mostrarle al resto del país y del mundo, que Colombia no solo es mestiza, que Colombia es indígena, que Colombia es negra, que es una mezcla en la que todos estamos relacionados más allá de donde estemos, de que familia vengamos. Construir un sistema para que todos participen de él, es reconocer al otro, y solo cuando se reconoce al otro, se puede construir paz, porque la paz siempre necesita del otro, de la otra y esos otros y otras no solo son de una etnia, son de diversas etnias y hacen parte de la misma bandera. 


 


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